Pedro Saborido: “Independiente es el galán con la bragueta rota”

Una de las cabezas de Peter Capusotto y sus vídeos se toma un café con Augol antes del lanzamiento de la temporada 2013 prevista para agosto. Ideas, y delirios en una charla de fútbol con un hincha de Racing que tiene “una distancia terapéutica con el club que encontró una identidad en la eterna decadencia”.

-Hay un número determinado de milanesas que te vas a comer de acá hasta que te mueras.

-…

-¿Qué edad tenés?

-36.

-¿Qué tipo de milanesa te gusta?

-Napolitana.

-¿Cuántas milanesas te comés por semana?

-No sé, tal vez dos.

-O sea que, de acá al fin, ponele unos 50 años…

-¿Tanto?

-Sí. Hagamos la cuenta hasta los 86. Son 50 años comiendo milanesas napolitana, ¿no?

-Ponele

-En diez años vas a comer unas mil. Es decir que te quedan por comer unas 5 mil milanesas. Son más o menos unos siete años comiendo milanesas todos los días, comételas y decime si te gusta, boludo.

El ensayo sobre la milanesa que propone Pedro Saborido en un café de Colegiales tiene que ver con el gusto diseminado y con ese escape a las rutinas establecidas y sujetas a la conformidad del gusto y de la conquista. “Si no, vamos al 13 a hacer el show de Pomelo durante todo un año y vas a ver como al final nos pegan una patada en el orto. Si estás con una mina y la primera vez te hacés el gracioso, primero se va a encantar con tu sentido del humor. Volvés a hacerte el gracioso y va a pensar ‘qué tipo copado’, ahora si insistís con lo mismo todo el tiempo va a decir que sos un pelotudo. Es muy difícil saber cuándo hiciste una de más, cuál fue el caramelo de más que te comiste, cuál fue el no de más a tu hijo…”, dice una de las cabezas de Peter Capusotto y sus vídeos, ese programa de rock que en agosto estará otra vez en escena y en la Televisión Pública.

Los estereotipos y los moldes que arma la sociedad son, tal vez, la fuente de alimentación fundamental para esas ideas que se amasan y que salen a la luz en la pantalla chica. “Nunca pensamos en personajes, pensamos en situaciones. Había una parte en El Túnel de Ernesto Sábato que planteaba un problema cuando todos los tips que se parecen están todos juntos. Estar rodeados en un lugar donde todos responden a lo mismo puede ser ahogante. Mirá si vas a un lugar y todos usan gorra, como vos y yo. O si vas al Bafici y todos tienen lentes como los de él. Cuando se empieza a repetir la rúcula y el brownie de banana te rompe las bolas. El quilombo es tener que adoptar posturas o ver que hay posturas y todo es como una caricatura. Eso la gente te lo agradece, y dice: ‘desde que hiciste el personaje del boludo que baila y le canta a la mina en el boliche no lo hago más’ o ‘no pongo más, jaja, je, okis cuando hablo por msn’. Todos cantamos canciones de Silvio Rodríguez en los fogones y el fin era ponerla”. 

La mesa del barcito pituco está en la vereda de Concepción Arenal y Charlone. Un escenario donde quizás Saborido se pueda llevar algo de todo eso que enciende el motor de las ideas. Pide un café, uno que sea mitad y mitad, pero sin grandes expectativas de que a la vuelta la bandeja tenga ese pocillo tan simple como complicado. “Ay, no sé. Mirá, no te puedo garantizar que sea 50 y 50”, ensaya como respuesta de un mozo que sale haciendo cálculos en la cabeza. “Estamos disfrazados de algo todo el tiempo. Es muy probable que después de estar charlando cuatro horas en la popular de Chicago te empieces a comer las eses”.

-¿Qué se plantean para este año?

-No hay un planteo de nada, sí hay un miedo a que las cosas no salgan bien. Y eso se combate. A veces se escucha eso de reinventarse, y nosotros no nos podemos reinventar porque somos esto. ¿Cómo lo hacés? Haciendo más, y buscando. Lo que es bueno tiene un nivel de sencillez, es como el gol lindo y estético y el gol sucio. O la gran jugada llena de complejidades que no termina en nada.

-Sos un tipo futbolero, sin embargo no vas a la cancha. ¿Por qué?

-Tengo una distancia terapéutica con Racing. Corté un lazo pasional con Racing cuando tenía 14 años. El equipo perdió 3 a 0 en la cancha de Huracán, contra River. Hacía frío, era un bajón. Y en ese entonces en Avellaneda había un montón de hinchas de Independiente, que era el Rey de Copas. Me quedé enojado de ver eso y de llevarme la angustia hasta el otro día en la escuela. Además, un par de días antes había visto flotar un carnet de socio en el foso de la cancha. Me dije: ‘yo puedo elegir no amargarme por esto’. Y no fui más. Hasta el segundo ciclo de Mostaza Merlo.

-En el medio el equipo descendió y fue campeón. ¿Cómo viviste eso?

-Cuando Racing descendió tenía 17 años, ya lo veía venir. Pero en ese momento estaba curtiendo rock y militancia, entonces al estar más separado no me hizo tanto daño. Ya después, de regreso en el Primera y con el paso del tiempo llegó la chance de ser campeón. Ahí no fui, porque sentía culpa de ir ahora que está encaminado. Recién volví en un partido con Arsenal, en el segundo ciclo de Merlo. Fui con Dante, mi hijo. Y pasó lo que tenía que pasar, ganábamos 1 a 0 y nos empataron y la mitad se fue silbando, y la otra mitad aplaudiendo. Es medio rompe pelotas ir a la cancha. Que el bondi, que el tren, que el auto, que esperar a que se vayan los visitantes y si encima perdés…Y me rompe mucho las pelotas eso del doble cinco, del enganche, del carrilero… loco, no están haciendo una operación de corazón.

-Es como que siempre Racing está a contramano de las alegrías y de las tristezas. En el 83, con la vuelta de la democracia se iba al descenso, y en 2001, en pleno estallido social, era campeón.

-Se hizo toda una historia con eso. Yo siempre le decía a mis amigos. ‘El día que Racing salga campeón se va a instalar el socialismo en la Argentina. Hay una cosa media troska de Racing, cuanto peor, mejor. Racing encontró una identidad en la eterna decadencia. ‘Uy, somos como Argentina’. Es la defensa ante el chiste. Quizá sea feliz así y no siendo campeón. Yo creo que hay que romper con esos mitos, con lo autoimpuesto. A principios de siglo los japoneses eran tildados de vagos, hay que romper y cortar con esto, como si estuviera todo escrito. “Ay, soy así”. Bueno, es una mierda que seas así, cambiá boludo porque te va como el orto.

La voz de Saborido difícilmente no te eleve a ese lugar de la esquina de Donovan y Camino General Chamizo, en Gerli. Ahí, donde queda la Pizzería Los Hijos de Puta y también El Porvenir, ese equipo que iba a ver de chico junto a su tío Roque con el que, además, se dio uno de esos gustos grandes de ser testigo de un equipo que marcó la historia del fútbol argentino: Huracán del 73. “Esa fue la única vez que disfruté y me divertí viendo fútbol. Sobre todo porque jugaba mi ídolo: el Loco Houseman. El provocaba algo divino, la indignación de algunos y la alegría de otros. Medias bajas, camiseta afuera del pantalón, a veces en pedo… Era un personaje y uno busca eso. Ibamos con mi viejo y con mi tío, que no era hincha pero vivía a seis cuadras de la cancha. Ahora el fútbol es puro drama. ¿Cuánto del descenso tiene que ver con la mirada de los otros? Lo de River fue de ciencia ficción”.

-¿Por qué?

-Fue dramático, nadie lo creía hasta que pasó. Y es durísimo jugar ese torneo de la B Nacional. ¿Y si no subís? Mirá lo que le costó a Central. Encima ahora van a ser 22 equipos, 41 fechas boludo, todo un año y a ver qué onda. Todos están pendientes de eso, de la tabla que manda al descenso. Incluso, de personajes que te caen mal. Muchos hinchan en contra por eso. ‘Caruso Lombardi me tiene las bolas llenas’, después, cuando se va de ese equipo ese equipo ya no te jode más. El hincha de River estaba acostumbrado a vivir en Suecia. Y ahora le pasa a Independiente, que es el galán con la bragueta rota. De golpe, se le rompió el pantalón, se rajó un pedo y se cagó.

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